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Inofensivo → problemático → peligroso
Muchas de las infecciones por las que las personas acuden a la consulta son de origen viral, por ejemplo resfriados, tos o dolor de garganta.
En estos casos, los antibióticos no son eficaces. No acortan la duración de la enfermedad ni previenen complicaciones.
Que no prescriba un antibiótico no significa que no tome los síntomas en serio.
Examino cuidadosamente y tomo la decisión basándome en criterios médicos.
Cuándo es más probable una infección bacteriana
Lo decisivo es el conjunto de síntomas, la evolución y los hallazgos clínicos.
Algunos indicios de una causa bacteriana pueden ser:
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un empeoramiento tras una mejoría inicial, por ejemplo en infecciones respiratorias
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fiebre alta o persistente y un estado general claramente afectado
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hallazgos localizados, como amígdalas con exudado purulento o molestias intensas de un solo lado
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valores inflamatorios claramente elevados en sangre, por ejemplo PCR o leucocitos
Si estos signos no están presentes, el tratamiento con antibióticos generalmente no está indicado.
Diagnóstico dirigido en lugar de antibióticos “por si acaso”
Cuando existe una sospecha fundada de infección bacteriana, puede ser útil realizar un diagnóstico dirigido, por ejemplo un exudado faríngeo.
De este modo, el tratamiento puede orientarse al germen identificado, en lugar de prescribir un antibiótico de forma precipitada.
Este enfoque se ajusta a las recomendaciones europeas actuales:
los antibióticos no se prescriben de forma rutinaria, sino de manera selectiva.
Los antibióticos son medicamentos importantes.
Los prescribo cuando son médicamente necesarios y los evito de forma consciente cuando no aportan beneficio.
También eso es buena medicina.