De X e Y a todos, todas y todes
Un intento de poner un poco de orden en la diversidad
A veces, en las conversaciones sobre sexo y género, me entran ganas de levantar la mano y decir: «Un momento, por favor. ¿Podemos empezar por el principio?».
Se habla de cromosomas y hormonas, de hombres y mujeres, de personas que se sitúan entre ambas categorías o que no se reconocen en ninguna de ellas. Después llegan los pronombres, las arrobas, las equis y las terminaciones en «-e». Y, a veces, la discusión empieza antes de que sepamos exactamente de qué estamos hablando.
Este artículo nace también de mi propia necesidad de poner un poco de orden. Quizá a usted le ocurra algo parecido. Vamos, entonces, a tirar del hilo. Desde el principio. Desde un óvulo y un espermatozoide.
Dos letras para empezar
La mayoría de las personas tienen 46 cromosomas en las células de su cuerpo. Dos de ellos se denominan cromosomas sexuales: X e Y. Habitualmente, las mujeres tienen dos cromosomas X y los hombres, uno X y uno Y. En la fecundación, el óvulo suele aportar un cromosoma X. El espermatozoide aporta otro X o un Y. Así se forma, en la mayoría de los casos, una combinación XX o XY. A partir de ahí comienza el desarrollo. Pero esas dos letras no contienen por sí solas todas las instrucciones. Participan muchos genes. En el cromosoma Y suele encontrarse uno llamado SRY, que pone en marcha la formación de los testículos. Estos producen hormonas que influyen en los siguientes pasos del desarrollo. Entre las primeras dos letras y el cuerpo que finalmente se forma hay, por tanto, bastante trabajo en equipo.
La biología también tiene variantes
En los libros del colegio, aquello parecía bastante sencillo. La biología se permite algo más de margen: Algunas personas tienen, por ejemplo, un solo cromosoma X completo. Es el llamado síndrome de Turner; su desarrollo corporal suele ser femenino. Otras tienen XXY, es decir, un cromosoma X adicional. En el llamado síndrome de Klinefelter, el desarrollo corporal suele ser masculino. También existen combinaciones XXX, XYY y personas cuyas células no tienen todas la misma combinación de cromosomas. Una X adicional no significa «un poco más de mujer», y una Y de más no convierte a nadie en Superman. También con XX o XY pueden aparecer otros caminos. Un cuerpo con cromosomas XY puede, por ejemplo, no responder adecuadamente a la testosterona y a otras hormonas relacionadas. El mensaje hormonal se envía, pero el destinatario no responde. Cuando esta insensibilidad es completa, se desarrollan genitales externos femeninos. A la inversa, en una criatura con cromosomas XX, una producción elevada de estas hormonas puede hacer que los genitales externos se desarrollen de una forma distinta a la habitual. Ocurre, por ejemplo, en determinadas formas de hiperplasia suprarrenal congénita.
Estas particularidades congénitas se agrupan bajo la expresión variaciones del desarrollo sexual. Algunas personas utilizan para sí mismas el término intersexual. No todas las variantes se incluyen en las mismas definiciones, ni todas las personas con alguna de ellas se identifican con esa palabra.
De momento, hablamos de características corporales: los cromosomas, las hormonas y los órganos sexuales no siempre encajan en la combinación que nos resulta más familiar.
Hormonas: mensajes con efectos
Las hormonas sexuales no tienen competencias exclusivas del tipo «estrógenos solo para mujeres, testosterona solo para hombres». Todos los cuerpos producen estas hormonas, aunque habitualmente en cantidades diferentes. También importa cuándo actúan y cómo responde a ellas cada tejido. Su trabajo se hace especialmente visible en la pubertad. Crecen los pechos, las voces se vuelven más graves y aparece pelo en lugares nuevos. Cambian la masa muscular y la distribución de la grasa, y maduran los órganos reproductores. También los huesos, la piel y el deseo sexual están bajo su influencia. Quien haya pasado por una pubertad quizá lo recuerde: es una reforma considerable. Casi siempre sin consultar previamente a quienes viven dentro.
Lo que un análisis hormonal no puede decirnos es con qué género se identifica una persona.
Sexo y género: cis y trans
Aquí llegamos a la identidad de género: la vivencia de ser mujer, hombre, ambas cosas, ninguna de ellas o de identificarse de otra manera. En muchas personas, esta vivencia coincide con el sexo que se les asignó al nacer a partir de sus características físicas. Se utiliza para ellas el término cis. En las personas trans, la identidad de género no coincide, o no coincide por completo, con aquella asignación.
Las palabras vienen del latín: cis significa «de este lado» y trans, «al otro lado» o «a través de». Lo encontramos, por ejemplo, en un vuelo transatlántico, que cruza el Atlántico. Aplicadas al género, estas dos palabras indican si la asignación inicial y la propia vivencia coinciden o no.
Un hombre trans es un hombre al que al nacer se le asignó el sexo femenino. Una mujer trans es una mujer a la que al nacer se le asignó el sexo masculino. La denominación se refiere al género con el que la persona se identifica. Las personas no binarias no se identifican exclusivamente como hombres ni exclusivamente como mujeres. Algunas se sitúan entre ambas categorías, otras se identifican con las dos y otras con ninguna.
Ser intersexual y ser trans describen, por tanto, cosas diferentes: lo primero se refiere a características corporales congénitas; lo segundo, a la identidad de género. Ambas circunstancias pueden darse en una misma persona, pero no necesariamente.
Después está la pregunta de quién nos enamora o nos atrae. Esa es la orientación sexual, que responde a una cuestión distinta. Ser heterosexual significa sentir atracción por personas de otro género; ser homosexual, por personas del propio género: gay o lesbiana. Las personas bisexuales pueden sentir atracción por más de un género; las pansexuales, independientemente del género.
Todo esto se da tanto en personas cis como en personas trans: un hombre trans al que le gustan los hombres es gay. Una mujer trans a la que le gustan las mujeres es lesbiana. Y, por supuesto, también hay personas trans heterosexuales, bisexuales o pansexuales. Cis y trans nos dicen algo sobre quién es una persona; la orientación sexual, sobre quién le gusta.
¿Qué puede cambiar la medicina?
Para algunas personas, la diferencia entre su identidad de género y determinadas características de su cuerpo resulta muy dolorosa. Los tratamientos médicos pueden ayudar a adecuar esas características.
La testosterona favorece el crecimiento de la barba y el desarrollo muscular, vuelve la voz más grave y aumenta el tamaño del clítoris. La menstruación suele desaparecer. Los pechos, sin embargo, no desaparecen con ella.
Los estrógenos favorecen el desarrollo de las mamas y modifican la distribución de la grasa. Otros medicamentos pueden reducir la producción o bloquear la acción de la testosterona. La barba existente no suele desaparecer, y una voz que ya se ha vuelto grave no se hace más aguda.
Mediante cirugía se pueden aumentar o retirar las mamas, formar una vulva y una vagina o construir un pene con tejido de la propia persona. También se pueden extirpar el útero, los ovarios o los testículos. Lo que no se crean son nuevos ovarios o testículos capaces de producir óvulos o espermatozoides.
No todo es reversible: una voz que se ha vuelto más grave por la testosterona, el tejido mamario desarrollado y algunos otros efectos hormonales permanecen. Las operaciones modifican el cuerpo de forma duradera y puede perderse la fertilidad.
Los cambios que desea cada persona son individuales. No todas las personas trans quieren hormonas ni operaciones. No hay que contratar el paquete completo.
Y ahora, además, el lenguaje
Una vez ordenados un poco los cromosomas, el cuerpo y la identidad, nos encontramos con las palabras. En español tenemos «sexo» y «género», aunque tampoco siempre los usamos con el mismo significado. Y el género, además, puede ser gramatical: el tenedor, la cuchara, el cuchillo. Hasta el cajón de los cubiertos tiene su propio reparto.
La palabra «sexo» sirve tanto para hablar de características del cuerpo como de relaciones sexuales. Bastante trabajo para cuatro letras. Y cuando queremos nombrar los genitales, tampoco siempre encontramos el tono: «partes íntimas» baja la voz, «partes nobles» les concede un título y «partes pudendas» casi nos pide disculpas por tenerlas. «Pene» y «vulva» son precisos, aunque a muchas personas todavía les suenan a consulta médica. Entre medias aparecen «colita», «pilila» o «higo», junto a palabras como «coño» y «polla», que en España también usamos para expresar sorpresa, enfado o cualquier cosa que poco tenga que ver con la anatomía. Palabras tenemos de sobra; hablar de esta zona del cuerpo con naturalidad y cariño no siempre nos sale tan fácilmente.
El lenguaje inclusivo aborda cómo nombramos a las personas y a quiénes incluimos expresamente. «Médicas y médicos» menciona a mujeres y hombres. Otras fórmulas evitan señalar el género: el personal sanitario, el equipo de la consulta, el alumnado.
En la gramática tradicional, el masculino plural también puede referirse a un grupo mixto. Quienes buscan otras posibilidades utilizan desdoblamientos como «todos y todas» o formas como «tod@s», «todxs» y «todes». La terminación «-e» permite incluir expresamente a personas no binarias y, a diferencia de la arroba y la equis, se puede pronunciar con facilidad. Estas propuestas no tienen el mismo grado de uso ni de aceptación.
También están los pronombres. Muchas personas utilizan «ella» o «él»; algunas prefieren «elle», una propuesta de pronombre no binario cuyo uso aún no está generalizado. Otras prefieren que se utilice su nombre. Así, «Él trae una tarta» se convierte en «Álex trae una tarta».
Y con esto llegamos al gran mosaico de palabras.
De las letras a las palabras
Sexo, género, masculino, femenino, intersexualidad, intersexual, intersex, endosex, cis, cisgénero, trans, transgénero, transexual, no binario, no binaria, no binarie, enby, género queer, género fluido, agénero, bigénero, pangénero, demigénero, demichico, demichica, identidad de género, expresión de género, roles de género, incongruencia de género, disforia de género, transición, salir del armario, autodeterminación, sexo asignado al nacer, sexo registral, pronombres, neopronombres, él, ella, elle, they, nombre propio, tratamiento, señor, señora, señorita, masculino genérico, femenino genérico, desdoblamiento, lenguaje no sexista, lenguaje inclusivo, lenguaje neutro, arroba, equis, terminación en e, todos, todas, todes, tod@s, todxs, amigos y amigas, amigues, ciudadanos y ciudadanas, ciudadanía, alumnos y alumnas, alumnado, profesores y profesoras, profesorado, médicos y médicas, personal sanitario.
Y si a estas alturas le da vueltas la cabeza, ¿seguimos en la biología o ya estamos en la gramática? Y, por cierto, ¿estamos confundidos, confundidas o confundides?
Un cordial saludo,su médica de familia en Mallorca
Dra. Ines Augele
Este artículo también está disponible en alemán!
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