Confianza y desconfianza
La confianza y la desconfianza influyen hoy en muchos ámbitos de la sociedad, desde la política hasta la medicina. Más que una pérdida general de confianza, lo que ha cambiado son las condiciones en las que surgen y se refuerzan las dudas.
En el debate actual se habla mucho de una supuesta pérdida general de confianza o confianza y desconfianza. Sin embargo, quizá la situación sea otra. Tal vez no confiamos menos que antes, sino que la desconfianza ha cambiado de forma. Hoy puede conectarse, reforzarse y hacerse visible como nunca.
La desconfianza ya no es una experiencia aislada. Se encuentra con otras, se confirma a sí misma y gana fuerza en redes, medios y conversaciones públicas. Lo que antes quedaba disperso, ahora forma estructuras. Eso cambia la percepción. No parece que haya más desconfianza, sino que es más visible, más coherente y más difícil de contradecir. Al mismo tiempo, la confianza funciona de otra manera. No es simplemente lo contrario de la desconfianza. No desaparece cuando aparece la duda. La confianza es una anticipación: una expectativa positiva que se concede antes de tener pruebas completas. Por eso es más frágil. Basta una decepción para dañarla. La desconfianza, en cambio, necesita menos. Se alimenta de indicios, de experiencias parciales, de relatos compartidos. Y una vez establecida, se refuerza a sí misma. Esto explica por qué resulta más fácil crear redes de desconfianza que de confianza. La confianza necesita tiempo, experiencias consistentes y cierta estabilidad. La desconfianza, en cambio, puede crecer rápidamente, especialmente cuando encuentra un entorno que la confirma.
Esto también se observa en el ámbito del conocimiento: Suena razonable querer comprobarlo todo por uno mismo. Pero en muchos campos eso no es posible. Por eso existe la ciencia: no como un conjunto de opiniones, sino como un sistema de control organizado. El conocimiento se revisa, se discute y se corrige dentro del propio sistema. Ahí radica su diferencia frente a la experiencia individual.
Un ejemplo médico lo ilustra bien. Un paciente toma un medicamento y siente que no le ayuda, o incluso que le perjudica. Esa experiencia es real y debe tomarse en serio. Pero, al mismo tiempo, existen datos que provienen de estudios con miles de personas, evaluados bajo condiciones controladas. Ambas cosas conviven. La experiencia es inmediata y convincente. Los datos científicos son más abstractos y menos accesibles. Cuando se colocan al mismo nivel sin contexto, aparece la confusión.
Esto también cambia la forma de mirar el presente. No se trata tanto de preguntarse por qué la confianza no desaparece, sino de entender en qué condiciones surge – y con qué rapidez puede perderse cuando esas condiciones se vuelven frágiles.
En el plano político ocurre algo similar. La confianza en las instituciones no se genera mediante declaraciones, sino a través de funcionamiento. Surge cuando los procesos son comprensibles, cuando las decisiones tienen efectos visibles y cuando existe la posibilidad real de corrección.
Por eso la cuestión no es si confiamos más o menos, sino en qué condiciones puede mantenerse la confianza en un entorno que hace visible y conecta la desconfianza de forma permanente.
Desde una perspectiva más psicológica, la diferencia también es clara. Las personas que confían no son necesariamente más ingenuas. A menudo han vivido experiencias en las que la fiabilidad, la coherencia y la previsibilidad han estado presentes. La confianza no es una decisión puntual. Es el resultado de experiencias acumuladas. También en medicina, la confianza no nace de promesas, sino de procesos claros y de una forma de trabajar comprensible.
La desconfianza, en cambio, suele surgir cuando esas condiciones fallan. Cuando hay contradicciones, rupturas o falta de coherencia, el sistema cambia. Entonces ya no se anticipa lo positivo, sino que se espera el error. Eso no es irracional. Es una adaptación. La dificultad está en que la confianza necesita más para reconstruirse que la desconfianza para instalarse. Y en un entorno donde la desconfianza se refuerza continuamente, esa reconstrucción se vuelve más lenta.
Aun así, la confianza no desaparece. Cambia de forma, se desplaza y se vuelve más selectiva.
Un cordial saludo, su médica de familia en Mallorca
Dra. Ines Augele
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