Burnout o depresión
Burnout y depresión: dos personas, dos historias
¿Burnout o depresión? Ambos pueden sentirse de forma muy parecida. Sin embargo, es importante distinguirlos, porque dirigen la mirada hacia causas y posibilidades de tratamiento diferentes.
«Tengo burnout», dice Thomas. No lo dice en voz baja. Tampoco con tono de disculpa. Más bien como quien cuenta que se lesionó la rodilla corriendo una maratón. «He levantado dos empresas, siempre localizable, sin unas vacaciones de verdad desde hace años. En algún momento, el cuerpo simplemente deja de responder.» – Miriam asiente. Está sentada frente a él y hace girar el vaso de agua entre las manos. -«¿Y tú?», pregunta Thomas. «¿También estrés?» «No», responde ella rápidamente. «En realidad, no.» «Pero tú también llevas ya un tiempo de baja.» Miriam mira el vaso. «Duermo mal.» «Eso lo conozco», dice Thomas. «Me despierto a las cuatro y enseguida empieza a dar vueltas en mi cabeza la lista de tareas pendientes.» «En mi cabeza no hay ninguna lista.» -«¿Entonces qué hay?» -Ella se encoge de hombros. «Nada. Simplemente estoy ahí tumbada.»
Thomas espera. Por primera vez se da cuenta de que Miriam no solo parece cansada. Parece como si, antes de cada respuesta, tuviera que recorrer un largo camino. «Mi médico dice que es una depresión», dice ella finalmente. Tan bajo que Thomas casi no oye la palabra.-«Ah», dice él. – De momento no se le ocurre nada más.
El burnout, piensa Thomas, puede afectar a cualquiera que haya rendido demasiado durante demasiado tiempo. En cambio, una depresión es otra cosa. Pero ¿es eso realmente cierto?
Cuando el burnout casi parece una distinción
«¿Cuánto tiempo llevas en casa?», pregunta Miriam. «Tres semanas. La primera semana casi no hice otra cosa que dormir. Ahora salgo a correr todas las mañanas. Mi médico dice que debo descansar.» «¿Te ayuda?» «Correr, sí. Después me siento mejor. Al menos durante un rato.» «¿Y qué más haces?» -«No mucho. He borrado del móvil todos los correos del trabajo.» «¿Ves a tus amigos? ¿Sales a navegar? Antes estabas en el agua todos los fines de semana.» – Thomas hace un gesto con la mano. «Ahora mismo no tengo energía para eso.» – «¿Pero tienes ganas?» Thomas la mira. «¿Cuál es la diferencia?» Miriam piensa unos instantes. «Ya no me apetecen las cosas que en realidad son importantes para mí. No solo el trabajo. Nada.»- «En mi caso es el trabajo», afirma Thomas. – «¿Y navegar?» «Ahora mismo tampoco.» «¿Tu familia?» – «Me agota.» -«¿La comida?» -«No me sabe a nada.» -«¿El sexo?» -Thomas se ríe brevemente, pero la risa desaparece enseguida. «De acuerdo», dice. «Tampoco.»
Ahora es Miriam quien espera. «Aun así», dice Thomas finalmente. «No estoy deprimido. Estoy quemado. Es otra cosa.» -«Quizá», dice Miriam.
Un diagnóstico que se prefiere no pronunciar
«¿Y en tu caso?», pregunta Thomas. «¿Qué ocurrió?» «Nada especial.» – «Tiene que haber algún motivo.» -«Yo también lo creía. Tengo un buen trabajo, un piso agradable, amigos. En realidad, todo está bien.» – «¿Pero?» -«Por la mañana me despierto y pienso que no voy a poder con el día. Ducharme, vestirme, hacer la compra… todo se siente como si tuviera que subir una montaña.» -«¿Has trabajado demasiado?» -«No.» -«¿Problemas familiares?» -«Tampoco.» -«Entonces no lo entiendo.» -«Yo tampoco», dice Miriam. «Eso es precisamente lo que lo empeora aún más. Pienso constantemente que no tengo ningún motivo para sentirme así.» -Thomas guarda silencio durante un rato. «¿Lo saben tus compañeros?» -«Creen que tengo problemas de espalda.» -«¿Por qué no les dices la verdad?» -Miriam lo mira. «¿Por qué le cuentas a todo el mundo que tienes burnout?» Thomas abre la boca, pero no responde de inmediato. «Porque no hay nada de lo que deba avergonzarme.» -«Exactamente», dice Miriam.
Dos conceptos, dos historias
El burnout cuenta una historia sobre lo que una persona ha hecho: ha trabajado demasiado, ha asumido demasiada responsabilidad y ha aguantado durante demasiado tiempo. El agotamiento parece casi la prueba de un esfuerzo especialmente grande.
La depresión parece contar otra historia: una persona ya no consigue hacer lo que antes resultaba natural. Pierde el impulso, la alegría y la confianza, a veces sin poder explicar el motivo. Todavía se interpreta erróneamente como debilidad, ingratitud o falta de voluntad.
Pero ambos conceptos no se diferencian solo por la consideración social que reciben. También dirigen la mirada hacia lugares distintos. En el burnout se trata de la relación entre una persona y su trabajo: exigencias excesivas, falta de reconocimiento, disponibilidad permanente, escasa capacidad de decisión o descanso insuficiente. La persona afectada continúa apareciendo como alguien que actúa: alguien que ha rendido demasiado durante demasiado tiempo y ahora debe modificar sus límites, sus hábitos o sus condiciones laborales. En una depresión, el problema se localiza en mayor medida dentro de la propia persona. Se convierte en un paciente que padece una enfermedad y necesita tratamiento. Esto puede resultar liberador, porque elimina la culpa y permite recibir ayuda profesional. Pero también puede favorecer un papel pasivo: parece que la enfermedad domina a la persona, mientras sus circunstancias vitales dejan de tenerse en cuenta.
Por qué la denominación tiene consecuencias
El burnout cuenta con un código en la CIE. CIE significa «Clasificación Internacional de Enfermedades y problemas relacionados con la salud». Este catálogo, publicado por la Organización Mundial de la Salud, sirve para registrar de manera uniforme los diagnósticos y otros estados relevantes para la salud. Sin embargo, el burnout no aparece clasificado como una enfermedad independiente, sino como un problema relacionado con las dificultades para afrontar la vida o con la actividad profesional. Así se desprende de la versión actual de la CIE-10-GM del BfArM. También la Organización Mundial de la Salud describe expresamente el burnout como consecuencia del estrés laboral crónico que no se ha gestionado con éxito, y no como una enfermedad independiente. Esto tiene consecuencias prácticas. Una incapacidad laboral presupone que una persona no puede continuar desempeñando su trabajo habitual debido a una enfermedad o que este podría empeorarla. Por eso, cuando alguien ya no puede trabajar a causa de un burnout, debe estudiarse su situación con mayor detenimiento: ¿se trata de un agotamiento relacionado con el trabajo o existe ya una depresión, un trastorno de ansiedad u otra enfermedad? De este modo, la cuestión del nombre adquiere también una dimensión política. La palabra burnout dirige la mirada hacia las condiciones laborales y la sobrecarga. El diagnóstico de depresión fundamenta el derecho a recibir tratamiento médico y a una baja laboral, pero al mismo tiempo desplaza el problema en mayor medida hacia el individuo. Sin embargo, un lugar de trabajo que enferma a las personas no se vuelve saludable solo porque se trate al trabajador enfermo. A la inversa, una depresión no desaparece necesariamente en cuanto se elimina la carga laboral.
Burnout o depresión: ¿cómo puede reconocerse la diferencia?
La pregunta «¿burnout o depresión?» no puede responderse únicamente a partir del agotamiento, los trastornos del sueño, los problemas de concentración y la disminución del rendimiento. Estas molestias pueden aparecer en ambos casos.
A favor del burnout hablan sobre todo:
-
una relación estrecha con el trabajo,
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agotamiento emocional y físico,
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distanciamiento creciente, irritabilidad o cinismo hacia el trabajo,
-
la sensación de rendir cada vez menos profesionalmente,
-
una mejoría perceptible al alejarse del trabajo y descansar.
En una depresión, las molestias suelen extenderse a toda la vida. Son característicos:
-
un estado de ánimo deprimido persistente,
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pérdida de interés y de la capacidad de disfrutar,
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falta de impulso y agotamiento rápido,
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sentimientos de culpa, dudas sobre uno mismo y desesperanza,
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alteraciones del sueño y del apetito,
-
en ocasiones, pensamientos sobre la muerte.
Estos indicios aparecen precisamente en la conversación: Miriam necesita realizar un esfuerzo enorme para las actividades cotidianas, ya no siente alegría y se culpa a sí misma por su estado. En el caso de Thomas, el agotamiento comenzó en el ámbito laboral. Sin embargo, entretanto también han perdido importancia sus amigos, su familia, la navegación, la comida y la sexualidad. Por eso debe estudiarse si a partir del agotamiento laboral se ha desarrollado una depresión.
«Quizá», dice Miriam, «a veces el burnout no sea más que una depresión vestida de traje.» -Thomas se mira. «¿Y el traje hace que resulte más presentable?» – «Al menos hace que parezca que uno ha trabajado muchísimo.» – Thomas sonríe. Después vuelve a ponerse serio. «Pero debajo no siempre tiene que haber una depresión.»
No todo agotamiento laboral es depresivo. Ya sea burnout o depresión, ambos estados deben tomarse en serio. Sin embargo, equipararlos resulta tan poco útil como convertir uno de los dos conceptos en un nombre más agradable para el otro. En el burnout deben modificarse sobre todo la sobrecarga, el descanso y las condiciones laborales. En una depresión, a menudo no basta con reducir el trabajo. En ese caso pueden ser necesarios la psicoterapia, los medicamentos y una activación específica.
Como enfoque terapéutico complementario, en mi consulta también ofrezco terapia asistida con caballos. El encuentro con el caballo puede ayudar a agudizar la propia percepción, volver a sentir los límites y pasar de la pasividad a la acción. Puede complementar de forma útil el tratamiento médico o psicoterapéutico necesario.
La denominación correcta, depresión o burnout, no debe engrandecer a una persona ni convertirla en víctima. Debe mostrar dónde puede comenzar el cambio.
Un cordial saludo,su médica de familia en Mallorca
Dra. Ines Augele
Este artículo también está disponible en alemán!
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