Perfectamente correcto – Perfectamente absurdo
Sobre frases hechas, atención consciente y la falta de cambio de perspectiva en las consultas médicas
La atención consciente en la consulta médica, precisamente allí donde las personas más la necesitan, se pierde con frecuencia en situaciones y procedimientos estandarizados.
En la consulta del oftalmólogo
«Quítese las gafas y las lentes de contacto, por favor. Cuando le llamen, vaya a la consulta número cuatro».
En la consulta del otorrino
«¿No oye casi nada?» – «No». – «Entonces espere fuera, por favor. Ya le llamaremos».
En urgencias de traumatología
«No debe apoyar el pie bajo ningún concepto». – «¿Dónde puedo conseguir unas muletas?»
«Pues vaya un momento a la ortopedia de enfrente».
Antes de la operación
«¿Tiene alguna pregunta sobre la anestesia?» – «Sí. Tengo miedo de no volver a despertarme».
«Eso ocurre en muy raras ocasiones. Firme aquí, por favor, para confirmar que le hemos informado sobre este riesgo».
En la consulta del ginecólogo
«Póngase cómoda en el sillón, por favor».
En fisioterapia
«Haga el movimiento solo hasta donde no le duela».
«Hasta aquí».
«Pero tendremos que avanzar un poco más».
En recepción
«¿Qué le ocurre?» – La paciente mira la sala de espera llena.
«En este momento, lo que más me falta es un lugar donde pueda contárselo».
En la consulta
«¿Cómo le va con las nuevas pastillas?»
«Mal. Tengo efectos secundarios importantes».
«Pero ahora los análisis están muy bien».
Después de la gastroscopia
«Debido al sedante, es posible que más tarde no recuerde nuestra conversación».
«Ahora voy a explicarle lo que debe tener en cuenta durante los próximos días».
Antes de otra operación
«Quítese ahora el audífono, por favor».
«Dígame de nuevo su nombre y su fecha de nacimiento».
En neurología
«Camine con total normalidad para que pueda valorar su alteración de la marcha».
En la consulta de memoria
«¿Últimamente olvida cosas importantes con frecuencia?»
«Entonces obsérvelo, por favor, y en la próxima cita nos cuenta lo que haya notado».
Después de una operación ocular
«Hoy no debe conducir bajo ningún concepto».
«Puede validar el tique del aparcamiento en la máquina de la entrada».
En la prueba de visión
«Lea, por favor, la línea que ya no alcanza a distinguir».
En la prueba de audición
«Avise, por favor, en cuanto deje de oír».
En el laboratorio del sueño
«Intente dormir con total normalidad; estaremos observándole todo el tiempo».
Durante la resonancia magnética
«Manténgase completamente relajado y no se mueva bajo ningún concepto».
En la consulta de urgencias
«Tome asiento en la sala de espera, por favor; le atenderemos de inmediato».
Durante la exploración
«Avise de inmediato, por favor, si pierde el conocimiento».
Cuando nadie cambia ya de perspectiva
Podemos reírnos de estas frases. Pero cuando uno se encuentra con ellas como paciente, también pueden desconcertar, herir o provocar enfado. ¿Por qué se producen estas situaciones con tanta frecuencia en el sistema sanitario?
Debido a mi formación psicoterapéutica, me interesa especialmente lo que sucede psicológicamente en estas situaciones. Por eso quiero analizar qué mecanismos se entrelazan y por qué este comportamiento se mantiene con tanta persistencia. Comprenderlo no convierte en correcta una atención poco considerada o condescendiente. Tampoco cambia lo que ha sucedido. Pero puede ayudar a no vivir inmediatamente el comportamiento de la otra persona como una desvalorización personal. Muchas cosas que se sienten como algo muy personal tienen menos que ver con el paciente concreto que con la defensa, la habituación, los roles institucionales y el efecto del poder:
El paciente y el personal sanitario pueden encontrarse en la misma habitación, pero no en la misma situación. Para el paciente se trata de su propio cuerpo, del dolor, del miedo y de la pérdida de control. Para el personal, el encuentro también supone enfrentarse a la vulnerabilidad de otra persona. Este enfrentamiento despierta sentimientos: compasión, impotencia, inseguridad y, en ocasiones, también miedo o impaciencia. Como estos sentimientos pueden dificultar el trabajo, con frecuencia se recurre a mecanismos de defensa. Por lo general, esto no sucede de manera consciente.
Una forma habitual de esta defensa es el aislamiento del afecto. Se percibe la situación médica, pero se excluye la experiencia humana asociada a ella. Se registra la luxación del hombro, pero ya no se imagina lo que supone tener que firmar con ese mismo hombro lesionado.
A esto se añade la intelectualización. La situación se traduce en diagnósticos, valores analíticos, formularios y pasos de trabajo. Así resulta más abarcable y controlable. La persona asustada se convierte en «el consentimiento informado», el paciente con dolor en «la radiografía» y la situación de necesidad personal en un trámite organizativo.
La consecuencia es una objetivación: el paciente deja de ser percibido como un interlocutor con capacidad de actuar y pasa a convertirse progresivamente en objeto del tratamiento. Sus indicaciones se escuchan, pero ya no se integran en una visión de conjunto. La falta de gafas pertenece entonces al examen oftalmológico y el número de la consulta, a la organización. Se pierde de vista que ambas cosas están directamente relacionadas para el paciente.
A esto se suma el estrechamiento de la atención. Los profesionales se concentran en el siguiente paso previsto. Las frases hechas y las rutinas toman el mando. La pregunta deja de ser: «¿Qué necesita ahora esta persona?» y pasa a ser: «¿Qué hay que hacer a continuación?».
La repetición frecuente puede dar lugar a la habituación. Lo que para el paciente es una situación excepcional se convierte en algo cotidiano para el personal. La reacción emocional disminuye, el procedimiento se automatiza y el cambio de perspectiva se vuelve menos probable. Por tanto, la habituación no es lo mismo que la defensa, pero puede reforzar sus efectos y hacerlos permanentes.
El desequilibrio de poder también contribuye a que estas situaciones se mantengan. El personal conoce las reglas, dispone de la información, asigna las citas y decide los pasos siguientes. El paciente depende de su orientación, de su ayuda y, a menudo, también de su buena disposición. Por eso muchos pacientes no contradicen ni siquiera instrucciones absurdas. Se sienten inseguros, no quieren ser considerados difíciles o temen que una objeción pueda perjudicar su atención. Como consecuencia, el personal apenas recibe información sobre lo contradictoria o degradante que puede resultar una situación desde el otro lado.
Sin embargo, el poder no se ejerce únicamente porque la organización lo distribuya. También puede resultar psicológicamente atractivo. Entre el personal hay, como en cualquier grupo profesional, personas con una marcada necesidad de control, superioridad o reconocimiento. Un entorno jerárquico puede alimentar estos rasgos de personalidad: uno establece las reglas; los demás deben esperar, dar explicaciones y obedecer instrucciones. El paciente no se convierte entonces en objeto únicamente por falta de atención. Su dependencia puede proporcionar a la otra persona una sensación de importancia y poder. La contradicción se percibe como una molestia, la crítica como un ataque y una pregunta justificada como falta de colaboración.
Así se crea un sistema que se estabiliza a sí mismo: los pacientes callan por su situación de dependencia, el personal interpreta ese silencio como conformidad y algunos profesionales llegan incluso a vivir la ausencia de resistencia como una confirmación de su autoridad. Una jerarquía organizativa se convierte en ejercicio personal del poder.
Esto no afecta a todo el personal. Pero sería igualmente falso fingir que los motivos personales y las estructuras de personalidad no desempeñan ningún papel. La presión del tiempo, las rutinas y la falta de personal no explican todas las formas de falta de atención y, mucho menos, todas las formas de condescendencia. Pero favorecen una actitud en la que se trabaja correctamente sin seguir percibiendo al paciente como un interlocutor completo.
Esto explica cómo se producen estas situaciones. No las justifica.
Un procedimiento puede ser completamente correcto y, aun así, pasar por alto al paciente. La atención consciente exige aquí cambiar de lado por un instante y contemplar la situación a través de los ojos del otro, como en la imagen de portada.
Ni siquiera una Augele lo ve siempre todo. Si alguna vez se encuentra en mi consulta con una contradicción semejante, ¡dígamelo, por favor!
Y quien prefiera ver representada esta peculiar lógica de las consultas médicas puede ver cómo Dieter Hallervorden la lleva un poco más lejos en la consulta médica virtual.
Un cordial saludo,su médica de familia en Mallorca
Dra. Ines Augele
Este artículo también está disponible en alemán!
Desde la consulta – leído de otra manera.
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