Bienvenida al boletín
Inofensivo → problemático → peligroso
Muchas de las infecciones por las que las personas acuden a la consulta son de origen viral, por ejemplo resfriados, tos o dolor de garganta.
En estos casos, los antibióticos no son eficaces. No acortan la duración de la enfermedad ni previenen complicaciones.
Que no prescriba un antibiótico no significa que no tome los síntomas en serio.
Examino cuidadosamente y tomo la decisión basándome en criterios médicos.
Cuándo es más probable una infección bacteriana
Lo decisivo es el conjunto de síntomas, la evolución y los hallazgos clínicos.
Algunos indicios de una causa bacteriana pueden ser:
-
un empeoramiento tras una mejoría inicial, por ejemplo en infecciones respiratorias
-
fiebre alta o persistente y un estado general claramente afectado
-
hallazgos localizados, como amígdalas con exudado purulento o molestias intensas de un solo lado
-
valores inflamatorios claramente elevados en sangre, por ejemplo PCR o leucocitos
Si estos signos no están presentes, el tratamiento con antibióticos generalmente no está indicado.
Diagnóstico dirigido en lugar de antibióticos “por si acaso”
Cuando existe una sospecha fundada de infección bacteriana, puede ser útil realizar un diagnóstico dirigido, por ejemplo un exudado faríngeo.
De este modo, el tratamiento puede orientarse al germen identificado, en lugar de prescribir un antibiótico de forma precipitada.
Este enfoque se ajusta a las recomendaciones europeas actuales:
los antibióticos no se prescriben de forma rutinaria, sino de manera selectiva.
Los antibióticos son medicamentos importantes.
Los prescribo cuando son médicamente necesarios y los evito de forma consciente cuando no aportan beneficio.
También eso es buena medicina.
Tu Receta para 2026?!
Como tomar menos azúcar,
y también menos grasita,
más verduras, más avena,
y que la panza se limite.
Beber menos vino,
más agua, quizá té,
acostarme más temprano,
y despertar feliz – ¿por qué no, eh?
Hacer deporte en serio,
fuerte, firme, sin flaquear,
diez mil pasos cada día,
y escaleras – ay, qué pesar.
Respirar más profundo,
con calma y buena actitud,
y si el pulso se dispara,
le llamamos “yoga” – por salud.
Planear una vida ordenada,
saludable, consciente, con fin –
y escribirlo muy solemne
en el blog de una doctora – que sabe quién soy por fin.
Son tantas cosas en la lista,
una maratón mental, sin red –
pero al final la clave es simple,
y nos ahorra más de un revés:
Soy yo,
sin más.
Y eso
me da paz.
Feliz Año Nuevo!
Bienvenida al boletín
El árbol de Navidad cuenta
Estoy en el salón.
Desde la tarde.
Me han traído, colocado, fijado.
Las luces se encienden. Se apagan. Se encienden otra vez.
Alguien da dos pasos atrás y no dice nada.
Más tarde llegan las personas.
Se dejan los abrigos, las voces suben y vuelven a bajar.
La habitación se llena.
Al principio hablan de la comida.
Del trabajo. De los niños.
Algunos están sentados, otros de pie. Nadie está del todo quieto.
Después de comer algo cambia.
No de forma brusca, más bien poco a poco.
Cae una frase.
No es alta.
Alguien responde de inmediato. Alguien no.
Se mueven las sillas.
Un vaso se sujeta con más fuerza.
Una voz se eleva ligeramente.
Hablan de cosas de las que ya han hablado otras veces.
Y de cosas en las que rara vez están de acuerdo.
En algunas familias es la política.
En otras, la enfermedad, las decisiones, el pasado.
Aquí se mencionan nombres. Allí, fechas.
Un niño mira su móvil.
Un adulto dice: «Eso no fue así».
Alguien se levanta y va a la cocina.
Vuelve más tarde.
Otro guarda silencio durante mucho tiempo.
Las luces se reflejan en las bolas.
Yo estoy ahí.
Más tarde se reparten los regalos.
El papel cruje.
Se dan las gracias.
No todos al mismo tiempo.
Un paso atrás
Situaciones así son conocidas.
Se repiten en muchas familias,
independientemente de los temas que se traten
o del país en el que se viva.
Lo que ocurre por dentro
a menudo escapa a la conciencia.
Sigue reglas distintas a las de los argumentos o las intenciones.
Lo que ocurre en el cuerpo
El cuerpo humano está orientado a la supervivencia.
Mucho antes de que existieran conversaciones sobre política, familia o pasado,
había que decidir con rapidez si una situación era peligrosa.
Estos mecanismos antiguos siguen actuando hoy.
Cuando alguien se siente atacado, excluido o desvalorizado,
el cuerpo reacciona como si algo importante estuviera en juego.
Se vuelve más alerta, más tenso, menos paciente.
La mirada se estrecha, las reacciones se aceleran.
Físicamente, aumenta la tensión interna.
El pulso se acelera, la respiración se vuelve más superficial,
los músculos se preparan para actuar.
Esto sucede sin una decisión consciente.
No porque alguien quiera discutir,
sino porque el sistema nervioso busca seguridad.
Siempre están activas al mismo tiempo las tres dimensiones del ser humano:
el cuerpo, que percibe físicamente la tensión, la opresión o la inquietud,
la psique, con emociones como el miedo, la ira o la tendencia al retraimiento,
y el sistema nervioso vegetativo, que regula la activación y la calma.
Ninguna funciona de forma aislada.
Lo que se vive interiormente como amenaza
se manifiesta en el cuerpo
y, a su vez, influye en el pensamiento, la emoción y la conducta.
Por eso las conversaciones a veces cambian,
aunque el tono no se haya vuelto claramente más alto.
El cuerpo ya va un paso por delante de la mente.
Final
El árbol de Navidad permanece quieto.
Escucha.
Ve lo que ocurre.
Después la velada continúa.
No todo queda aclarado.
Pero todo ha sucedido.
Algunas tensiones se disuelven.
Otras no.
El cuerpo lo recuerda.