La psicología no es amable
La psicología no es amable. Solemos asociarla con comprensión, alivio y con esa sensación agradable de sentirse por fin visto de verdad. Hoy no va de eso. Hoy no va de psicología reconfortante.
Hace poco tenía delante, en la consulta, a una mujer cuyo marido llevaba meses enfermo. Ella lo organiza todo, recuerda las citas, reparte la medicación, sostiene el día a día. Desde fuera parece estable, casi admirable. En un momento dado dijo en voz baja que a veces le gustaría tener simplemente un día sin él. Apenas terminó la frase, llegó enseguida la corrección: eso no se puede pensar.
Cuidado y hartazgo. Cercanía y deseo de distancia. Las dos cosas a la vez, sin anularse. Lo incómodo no está en el pensamiento en sí, sino en que no encaja con la imagen que uno tiene de sí mismo. Estas tensiones no son raras. Lo raro es que se digan con tanta claridad. Por ejemplo:
El deseo de que todo termine, y la vergüenza inmediata por sentirlo.
Buscar cercanía, y retirarse por dentro al mismo tiempo.
Anhelar tranquilidad, y no soportar el silencio.
Querer ser visto, y esconderse a la vez.
Querer cambiar, y aferrarse a lo conocido.
Estas frases resultan tan certeras porque no describen un error. Señalan un conflicto. Dos movimientos que están ahí al mismo tiempo y que no se dejan resolver con facilidad. Una parte suele encajar con la propia imagen. Suena razonable, correcta, comprensible. La otra aparece más baja, incomoda, descoloca, y por eso se corrige enseguida o se pasa por alto. Las dos pertenecen a la misma persona. Eso se puede observar muy bien en la vida cotidiana, si uno aguanta consigo mismo un momento más de lo que le resulta cómodo. Entonces no aparece una línea limpia, sino justamente esa simultaneidad: querer y no querer, quedarse y marcharse, cercanía y distancia. La tentación de poner orden enseguida es comprensible. El problema es que así el conflicto no desaparece. Solo queda tapado. El propio sistema mantiene durante mucho tiempo el orden conocido. Frases como “puedo con esto” o “yo soy así” sostienen bastante, incluso cuando hace tiempo que ya no sostienen nada. Cuando empiezan a agrietarse, aparece tensión. Y esa tensión suele interpretarse como un problema, aunque en realidad lo único que muestra es que algo ha dejado de encajar.
La psicología, por eso, no es especialmente suave. La psicología no es amable. Es más bien una forma civilizada de confrontación.
Y por volver una vez más a mis caballos, en el programa Pferdestärke – 3PS: ahí estas contradicciones internas se ven enseguida. La persona se acerca con amabilidad, supuestamente quiere contacto, y al mismo tiempo todo en su cuerpo está diciendo: mejor no demasiado cerca. El caballo se aparta, levanta la cabeza, se va o simplemente se queda quieto y no colabora. Fin de la discusión.
La psicología no es amable. Los caballos, a veces, tampoco.