Tratamiento moderno de las heridas
¿Dejar que la herida «respire» o cubrirla con un apósito?
El consejo de «¡Déjala al aire!» sigue estando muy extendido. Sin embargo, el tratamiento de las heridas ha cambiado radicalmente en los últimos 3.500 años. Algunos métodos antiguos estaban sorprendentemente adelantados a su tiempo; otros han quedado completamente superados. La historia de la cicatrización demuestra de forma impresionante cómo ha evolucionado el conocimiento médico.
De la miel a la orina: los primeros tratamientos de las heridas
Los antiguos egipcios ya observaron que algunas heridas cicatrizaban mejor cuando se cubrían con miel. En aquella época nadie sabía por qué ocurría. Hoy conocemos la explicación: la elevada concentración de azúcar extrae agua de las bacterias e inhibe su proliferación. Además, la miel mantiene la herida húmeda y contiene sustancias antibacterianas naturales.
Por este motivo, la miel medicinal especialmente procesada sigue utilizándose hoy en determinadas heridas, aunque únicamente como producto sanitario certificado y no como la miel común del supermercado.
Junto a la miel se empleaban muchos otros tratamientos. Las heridas se limpiaban con vino, vinagre o preparados de hierbas. Durante siglos también se utilizó la orina para limpiar heridas. Desde la perspectiva actual puede parecer extraño, pero tenía una explicación razonable: la orina fresca de una persona sana suele contener muy pocos microorganismos patógenos y urea, una sustancia que puede ayudar a reblandecer ligeramente el tejido muerto.
Sin embargo, no existen pruebas científicas sólidas de que la orina mejore la cicatrización. En la actualidad, las soluciones estériles para irrigación de heridas o el suero fisiológico son claramente la mejor opción.
Del «buen pus» a la medicina moderna
Durante la Edad Media incluso se consideraba que el pus era un signo de buena cicatrización. Se hablaba del pus bonum et laudabile, es decir, el «pus bueno y digno de elogio».
Hoy sabemos que el pus está formado por glóbulos blancos muertos, bacterias, restos de tejido y líquido procedente de la herida. Su presencia indica que el sistema inmunitario está luchando contra una infección bacteriana.
Sin embargo, no toda secreción amarillenta es pus. Las heridas recientes suelen producir un líquido transparente o ligeramente amarillento, llamado exudado. Este forma parte del proceso normal de cicatrización. En cambio, una secreción espesa, turbia o con mal olor debe ser valorada por un médico.
El gran punto de inflexión llegó en el siglo XIX. En 1847, Ignaz Semmelweis demostró que la desinfección rigurosa de las manos reducía drásticamente las infecciones mortales. Poco después, Louis Pasteur demostró que los microorganismos causaban enfermedades. Sobre esta base, Joseph Lister desarrolló la cirugía antiséptica. Por primera vez se comprendió por qué se infectaban las heridas y cómo podía evitarse.
¿Por qué durante tanto tiempo se dejaron las heridas al aire?
A pesar de estos descubrimientos, durante mucho tiempo se siguió creyendo que las heridas debían secarse y «respirar». Esta idea tenía una explicación lógica.
Antiguamente no existían apósitos estériles ni materiales transpirables. Un vendaje húmedo y contaminado podía favorecer realmente la proliferación de bacterias. Por ello, en muchas ocasiones era más seguro dejar la herida descubierta.
Todo cambió en 1962, cuando el biólogo británico George D. Winter demostró que las heridas limpias cicatrizan mucho más rápido en un ambiente húmedo controlado que cuando se dejan secar. Este descubrimiento revolucionó la medicina de las heridas en todo el mundo.
Un ambiente húmedo favorece la cicatrización
Todavía hoy muchas personas creen que las bacterias o los hongos proliferan especialmente bien en una herida húmeda. En realidad, el problema no es la humedad, sino la suciedad, el tejido muerto o los vendajes inadecuados.
Por ello, los apósitos modernos crean un ambiente húmedo controlado. Absorben el exceso de exudado, permiten el paso del vapor de agua y del oxígeno y, al mismo tiempo, protegen la herida frente a nuevos microorganismos. Gracias a ello, muchas heridas cicatrizan más deprisa, duelen menos y suelen dejar cicatrices más pequeñas.
La piel nueva se forma en los bordes de la herida. Desde allí, las células superficiales de la piel avanzan lentamente para cubrirla, mientras el organismo produce nuevo tejido conjuntivo y pequeños vasos sanguíneos. Una costra gruesa puede dificultar este proceso y retrasar la cicatrización.
Remedios naturales: ¿qué sabemos hoy?
Muchas personas siguen recurriendo a preparados de origen vegetal. Sin embargo, en el caso de la caléndula y del árnica no existen pruebas científicas convincentes de que aceleren la cicatrización de heridas abiertas. Además, ambas pueden provocar dermatitis de contacto, especialmente sobre piel lesionada, cuya barrera protectora ya está alterada.
Respecto al aloe vera, algunos estudios muestran resultados positivos en lesiones superficiales de la piel. No obstante, la evidencia científica sigue siendo contradictoria, por lo que actualmente no puede hacerse una recomendación general.
¿Qué puede hacer usted?
La mayoría de las heridas superficiales y pequeños cortes cicatrizan sin problemas si se tratan correctamente.
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Limpie la herida con agua corriente limpia o con suero fisiológico.
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Retire cuidadosamente la suciedad y los cuerpos extraños visibles.
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Si es necesario, desinfecte la herida una sola vez.
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Cúbrala posteriormente con un apósito adecuado.
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Cambie el apósito cuando esté sucio o húmedo.
Debe acudir al médico si la herida es profunda o está abierta, si ha sido causada por una mordedura de animal o de persona, si está muy contaminada, contiene cuerpos extraños o aparecen signos de infección como aumento del enrojecimiento, hinchazón, dolor, pus o fiebre. Además, tras cualquier lesión conviene comprobar que la vacunación contra el tétanos esté al día.
Una mirada al futuro
La evolución de la medicina de las heridas está lejos de haber terminado. En la actualidad ya se utilizan injertos cutáneos y sustitutos artificiales de la piel para tratar lesiones extensas. Al mismo tiempo, se investiga el desarrollo de apósitos bioactivos, factores de crecimiento y terapias con células madre que podrían mejorar aún más la cicatrización en el futuro.
Confiar en la extraordinaria capacidad de nuestro cuerpo
A pesar de todos los avances tecnológicos, de los innovadores apósitos y de los nuevos tratamientos, una realidad permanece inalterable: la mayor parte del trabajo de cicatrización no la realiza el vendaje ni el médico, sino su propio organismo.
En cuestión de segundos detiene una hemorragia. En pocas horas comienza la respuesta inmunitaria. El tejido muerto se elimina, se forman nuevos vasos sanguíneos y las células de la piel van cerrando la herida paso a paso. Todos estos procesos, extraordinariamente complejos, se desarrollan de manera perfectamente coordinada millones de veces cada día y, hasta hoy, ninguna terapia médica ha conseguido reproducirlos por completo.
Por ello, la misión de la medicina moderna no consiste en sustituir la capacidad de autocuración del organismo, sino en crear las mejores condiciones posibles para que este pueda llevar a cabo su trabajo sin interferencias.
Esta es probablemente la enseñanza más importante de 3.500 años de historia del tratamiento de las heridas: la terapia más impresionante la posee cada persona en su propio cuerpo. La medicina puede prevenir infecciones, aliviar el dolor, tratar complicaciones y ofrecer las mejores condiciones para la cicatrización. Pero la auténtica reparación del tejido la realiza nuestro organismo, y sigue siendo superior a cualquier tecnología médica, por sofisticada que sea.
Quizá ahora vea con otros ojos la herida con la que comenzaba este artículo. Una costra bonita no siempre significa que la herida esté cicatrizando de la mejor manera posible. En ocasiones, simplemente nos recuerda cuánto hemos aprendido sobre cómo ayudar al cuerpo a aprovechar aún mejor su extraordinaria capacidad de autocuración.
Algunos enlaces de interés sobre este tema:
- Ministerio de Sanidad – Tétanos
- Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas (GNEAUPP)
- Sociedad Española de Heridas (SEHER)
¿Tiene dudas sobre una herida o no está seguro de si está cicatrizando correctamente?
Estaré encantada de asesorarle en mi consulta en Mallorca o mediante una consulta médica por videollamada.
Un cordial saludo,su médica de familia en Mallorca
Dra. Ines Augele
Este artículo también está disponible en alemán!
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