¿Alzhéimer o miedo a la demencia? Dos cartas a una médica
El miedo a la demencia es una de las preocupaciones más frecuentes a partir de la mediana edad.
Hace unas semanas recibí dos correos electrónicos. Sus autores eran personas inteligentes, cultas y con una trayectoria profesional exitosa. Ambos solicitaban una cita por preocupaciones relacionadas con su memoria. Muchas personas buscan una respuesta a la misma pregunta: ¿mis olvidos son normales o podrían ser los primeros signos de una demencia? Antes de seguir leyendo, le propongo un pequeño experimento. Juegue por un momento a ser médico. Lea las dos cartas y decida usted mismo: ¿cuál de estas personas podría estar desarrollando una demencia?
Las dos cartas que siguen son ficticias. Han sido escritas para este artículo. Sin embargo, las ideas, preocupaciones y situaciones que describen resultarán familiares a muchas personas.
Carta 1
Estimada Dra. Augele:
Quisiera pedirle una cita porque me preocupa mi memoria.
Me cuesta escribir este correo. Quizá porque siempre me he considerado una persona mentalmente ágil. Durante años he ocupado puestos de responsabilidad, he dirigido proyectos complejos y siempre he confiado en mi memoria. Desde hace algunos meses observo ciertos cambios. Nada dramático. Más bien pequeños detalles. Hace unas semanas no recordé el nombre de un antiguo compañero con el que trabajé durante muchos años. Hace poco bajé al sótano y durante unos segundos olvidé por qué había ido allí. Hace unos días no conseguía encontrar la palabra “hervidor” y tuve que describir el objeto. Soy consciente de que estas situaciones pueden ocurrirle a cualquiera. Aun así, tengo la sensación de que son cada vez más frecuentes. Quizá también me observo demasiado. He empezado a anotar estos episodios y me doy cuenta de que probablemente les doy más importancia que antes.
Mi preocupación tiene que ver también con mi historia familiar. Mi madre desarrolló una enfermedad de Alzheimer a principios de los setenta años. Recuerdo bien los primeros cambios. Tal vez por eso ahora busco señales parecidas en mí misma.
Me gustaría que valoráramos juntos si mi preocupación está justificada o si estoy interpretando en exceso cambios normales de la edad.
Atentamente,
A.
Carta 2
Estimada Dra. Augele:
Mi hija me ha sugerido que pida una cita con usted. Está preocupada por mi memoria. Yo veo la situación con bastante más tranquilidad, aunque considero razonable tomar en serio sus inquietudes.
En mi vida diaria me manejo bien. Vivo sola, hago mis compras, conduzco y me reúno regularmente con amigos. En general no tengo la sensación de que haya cambiado nada importante.Mi hija menciona algunos ejemplos que le preocupan. Una vez olvidé una cita. En otra ocasión, según ella, hice la misma pregunta varias veces. Hace algunos meses olvidé un cumpleaños, aunque ahora mismo no recuerdo exactamente de quién era. Estas cosas no me parecen especialmente llamativas. A cierta edad uno ya no recuerda todos los detalles. Además, hoy todo es mucho más complicado que antes. Las citas llegan por correo electrónico, por teléfono, por mensajes y, a veces, incluso por carta. También me ocurre que, al leer, pierdo el hilo y tengo que volver a leer algún párrafo. Pero lo atribuyo más bien a que muchos textos actuales están escritos de forma innecesariamente complicada. Mi hija también dice que repito historias. No puedo descartarlo. Por otra parte, todos repetimos historias de vez en cuando. Algunas forman parte de nuestra vida.
Como ya he dicho, personalmente no considero la situación preocupante. Aun así, me gustaría recibir una valoración profesional para que tanto mi hija como yo podamos quedarnos tranquilos.
Atentamente,
B.
¿Y bien? ¿Por quién se ha decidido?
¿Por A?
A observa cada pequeño cambio. Recuerda situaciones, fechas y detalles. Hace listas. Piensa en el alzhéimer. Además, tiene antecedentes familiares.
B, en cambio, parece tranquila, razonable y serena.
Precisamente por eso este pequeño experimento resulta interesante. La persona que más piensa en su memoria no siempre es la que más preocupa desde el punto de vista médico.
La sorpresa es que muchas personas con una demencia incipiente no parecen confundidas ni desorientadas. Se muestran inteligentes, educadas, independientes y completamente convincentes. Lo llamativo no suelen ser grandes olvidos, sino pequeños desplazamientos. La preocupación surge en los familiares. Los ejemplos concretos son imprecisos. Las señales se explican, se minimizan o se atribuyen a otras causas.
La primera persona, por el contrario, reflexiona constantemente sobre su memoria. Incluso cuestiona su propia percepción y se pregunta si estará exagerando. Esa capacidad de autoobservación suele ser una buena señal.
Naturalmente, no se puede establecer un diagnóstico a partir de dos cartas. No sería ni serio ni justo. Sin embargo, estas cartas muestran algo que encuentro con frecuencia en la consulta:
El miedo a la demencia
El miedo a la demencia es diferente de otros temores relacionados con la salud. En un infarto la gente teme el daño físico. En el cáncer teme el dolor, las limitaciones o la muerte. Con la demencia ocurre algo distinto. Muchas personas temen que su vida continúe, pero que poco a poco dejen de dirigirla ellas mismas. Temen que otros lleven su agenda, gestionen sus finanzas, decidan si pueden seguir conduciendo o tengan que explicarles lo que ocurrió ayer. Por eso incluso pequeños fallos de memoria pueden generar tanta inquietud.
Todos conocemos esos momentos. Buscar las llaves del coche. Entrar en una habitación y olvidar por qué se ha ido allí. Encontrarse con un vecino y recordar su nombre diez minutos después. Antes uno se habría reído de ello. – Sin embargo, quien ha visto de cerca cómo un padre, una madre o una persona querida desarrollaba una enfermedad de Alzheimer suele interpretar esas situaciones de otra manera.
La película para televisión «Stiller Abschied» muestra de forma especialmente acertada por qué las pequeñas irregularidades de la vida cotidiana pueden resultar tan inquietantes. Actualmente está disponible en la mediateca de ARD y puede verse también con subtítulos en alemán. Fuera de Alemania, dependiendo del lugar de residencia, puede ser necesario utilizar un servicio de streaming alemán o una conexión VPN.
De repente, un olvido cotidiano se convierte en una posible señal de alarma. Unas llaves perdidas generan una pregunta incómoda. Y un pequeño fallo de memoria despierta la preocupación de que pueda ser el comienzo de algo más serio. Con facilidad olvidamos que la memoria no funciona como un disco duro. Cambia a lo largo de la vida. Reacciona a la falta de sueño, al estrés, a las preocupaciones, al duelo, al dolor y al agotamiento. No todo olvido es un signo de enfermedad. Eso explica también por qué la primera persona de nuestro experimento estaba tan preocupada. No temía únicamente olvidar algo. Temía todo aquello que asociaba con la palabra Alzheimer.
Lo importante
Si alguna vez olvida un nombre, pierde las llaves o baja al sótano y ya no recuerda para qué, eso sigue siendo algo profundamente humano. Si le preocupa su memoria, hable de ello. Una valoración médica puede aportar tranquilidad y, en algunos casos, ayudar a detectar problemas de forma precoz.
Pero conviene recordar algo más: El miedo a la demencia está muy extendido. Un olvido ocasional, en cambio, todavía no es una demencia.
La preocupación no suele aparecer en el momento en que olvidamos algo, sino en el momento en que empezamos a preguntarnos por qué.
Un cordial saludo,su médica de familia en Mallorca
Dra. Ines Augele
Este artículo también está disponible en alemán!
________________________________________________________________________________
Se puede leer así. También se puede compartir.